Una no tan calurosa bienvenida. Nueva York

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Si me siguen en Instagram (@viajerafortuna) sabrán que desde hace unos cuantos meses estuve planeando un viaje a Nueva York con mi familia. Compré los boletos con anticipación en una oferta que encontré en Gurú de Viaje, y en cuanto al alojamiento decidimos reservar un AirBnB (sí, yo sé que la situación en Nueva York respecto a AirBnB es complicada, pero si tienes un grupo grande y poco presupuesto para la Gran Manzana, es la mejor opción).

Así que reservamos uno que, juzgando por las fotos y la información de la página, se veía bastante bien y estaba justo en el corazón de Wall Street. Y una vez que estuvo reservado nos dejamos de preocupar con eso, enfocándonos en investigar los mejores lugares y cosas que hacer.

El día que aterrizamos, un poco adormilados después de una larga siesta en el avión, tomamos el metro hacia la calle que nuestro anfitrión nos había indicado para recoger nuestras llaves y llegar a nuestra temporal casa neoyorquina.

Vaya sorpresa nos llevamos cuando al intentar todos los códigos para abrir el locker con las llaves, que ninguno funcionaba. Sin importar cuantas veces lo intentamos.

El pánico realmente comenzó cuando intentamos contactar al anfitrión (que debo agregar, al principio de nuestra reservación era una persona completamente diferente) y nuestras llamadas eran totalmente ignoradas.

Cuando mi mamá sugirió ir a comer algo, mientras esperábamos a que se contactaran con nosotros, y relajarnos un poco. Encontramos un encantador lugar a la vuelta de la esquina llamado Pastagram.

Mientras disfrutábamos de una de las mejores pastas que he comido fuera de Italia, yo seguía buscando frenéticamente una solución ya que mi mayor preocupación era no tener un lugar para dormir esa noche.

La verdadera ansiedad resurgió cuando al leer los comentarios en el perfil de “nuestro” departamento donde varias personas contaban sus historias de terror sobre como ellos también habían sido ignorados y estafados por el anfitrión de ese AirBnB.

Después de unos minutos de más pánico y preocupación, decidimos por fin contactar al servicio de ayuda de AirBnB, y cinco llamadas después caminamos por la ciudad buscando un hotel que tuviera disponibilidad y no costara una fortuna.

Afortunadamente, unas cuantas horas después encontramos hospedaje en un hotel, y para dar un buen cierre al día fuimos a caminar por Manhattan y comenzar a disfrutar de nuestras vacaciones familiares.

 

La situación acabó resolviéndose, AirBnB siempre estuvo al pendiente de nosotros y acabamos quedándonos en un departamento mejor que el original. Y, con suerte, ese anfitrión no volverá a estafar a nadie más.

 

-Agatha

 

 

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